{"id":37,"date":"2007-08-26T02:40:00","date_gmt":"2007-08-26T02:40:00","guid":{"rendered":"https:\/\/diegolopezmedina.net\/prensa\/?p=37"},"modified":"2020-06-23T02:54:40","modified_gmt":"2020-06-23T02:54:40","slug":"la-necesidad-de-una-justicia-para-la-democracia-en-colombia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diegolopezmedina.net\/prensa\/index.php\/2007\/08\/26\/la-necesidad-de-una-justicia-para-la-democracia-en-colombia\/","title":{"rendered":"La necesidad de una justicia para la democracia en Colombia"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p>La democracia colombiana contin\u00faa teniendo serios problemas de credibilidad. Se entiende por \u201cdemocracia\u201d al sistema en que los ciudadanos pueden acudir a elecciones regulares, justas, limpias y transparentes a manifestar sus preferencias pol\u00edticas y con ellas a elegir a mandatarios que deber\u00e1n desempe\u00f1ar misiones de direcci\u00f3n y coordinaci\u00f3n social. Para que exista una verdadera democracia se requiere, primero, que las elecciones como tales sean limpias.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La democracia colombiana contin\u00faa teniendo serios problemas de credibilidad. Se entiende por \u201cdemocracia\u201d al sistema en que los ciudadanos pueden acudir a elecciones regulares, justas, limpias y transparentes a manifestar sus preferencias pol\u00edticas y con ellas a elegir a mandatarios que deber\u00e1n desempe\u00f1ar misiones de direcci\u00f3n y coordinaci\u00f3n social. Para que exista una verdadera democracia se requiere, primero, que las elecciones como tales sean limpias. Pero esta condici\u00f3n ni basta ni es la m\u00e1s importante: se requiere, adem\u00e1s, que los partidos pol\u00edticos que se presentan a esas elecciones sean tambi\u00e9n limpios y transparentes de manera que los ciudadanos puedan confiar en que su comportamiento ser\u00e1 honorable en todas sus actividades institucionales y no solamente en su comportamiento electoral. La \u201cjusticia electoral\u201d colombiana actualmente existente se concentra de manera desmedida (y poco eficiente) en problemas que afectan exclusivamente al evento electoral. Los procesos electorales son todos \u201cindividuales\u201d en el sentido de que es posible que alguien gane o pierda la curul, pero sin llegar nunca al an\u00e1lisis institucional del comportamiento y de las responsabilidades del partido. Como consecuencia de esto, los partidos pol\u00edticos no tienen una vigilancia imparcial y responsable que los ronde adecuadamente. No cuentan, pues, con incentivos para comportarse de manera honorable y limpia a lo largo del proceso democr\u00e1tico. Necesitamos pasar de una justicia electoral muy imperfecta (como la que tenemos hoy) a una verdadera \u201cjusticia para la democracia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los partidos pol\u00edticos se construyen para influir en la opini\u00f3n p\u00fablica y para ganar elecciones. Este comportamiento competitivo es deseable, pero debe enmarcarse en estrictos l\u00edmites legales y \u00e9ticos para darle contenido real a la idea de democracia. Cuando los partidos no tienen l\u00edmites y responsabilidades, cuando el objetivo de ganar el poder pol\u00edtico se impone brutalmente, la democracia deja de ser un sistema de tramitaci\u00f3n pac\u00edfica de las controversias sociales agregadas y se convierte, en su lugar, en generadora de violencia y fundamentalismo. La experiencia constitucional colombiana es suficientemente diciente al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Existen tres grandes tipos de problemas graves que exhiben los partidos pol\u00edticos contempor\u00e1neos y que una justicia para la democracia deber\u00eda poder descubrir y atacar: en primer lugar, los partidos est\u00e1n dispuestos a violar la ley para financiar sus campa\u00f1as, especialmente cuando las leyes imponen restricciones a las mismas en aras de ampliar la equidad y la participaci\u00f3n de todos los ciudadanos y no solamente de aquellos que tienen un m\u00fasculo financiero fuerte; en segundo lugar, se requiere que los partidos pol\u00edticos crean en serio en la democracia y que no se constituyan tan s\u00f3lo en fachadas pol\u00edticas de movimientos armados que est\u00e1n dispuestos a todo por conseguir el poder; finalmente, se requiere que los partidos, como instituciones, se comporten honorablemente en el proceso electoral, de manera que los ciudadanos puedan expresar sin distorsiones ni manipulaciones sus preferencias pol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras que la justicia electoral tradicional no hace mucho para solucionar estos problemas estructurales, es posible que una \u201cjusticia para la democracia\u201d s\u00ed pueda hacerlo: se trata de organismos (organizados como Cortes Constitucionales o electorales, o Institutos administrativos en materia electoral) que cuentan con mecanismos precisos de acompa\u00f1amiento a los partidos y que est\u00e1n dispuestos, de manera independiente y cre\u00edble, a sancionar a los mismos cuando transgreden las normas fundamentales de la democracia. La experiencia comparada muestra, a manera de ejemplos, la actuaci\u00f3n de una \u201cjusticia para la democracia\u201d que pretende mejorar el comportamiento y la responsabilidad institucional de los partidos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed las cosas, por ejemplo, las normas de financiaci\u00f3n de partidos siguen siendo un hazmerre\u00edr en Colombia. En M\u00e9xico, en cambio, el IFE y el Tribunal Federal Electoral investigaron e impusieron multas cuantiosas al PAN y al PRI por la financiaci\u00f3n ilegal de sus campa\u00f1as mediante recursos del erario p\u00fabico (el llamado Pemexgate) y mediante la aportaci\u00f3n oculta y por encima de los topes legales (en el caso de los \u201cAmigos de Fox\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas nuevas formas de justicia electoral igualmente se han adentrado en la vigilancia del compromiso con la democracia de los partidos pol\u00edticos: recu\u00e9rdese la proscripci\u00f3n que hizo la justicia espa\u00f1ola en el 2003 de Batasuna por sus v\u00ednculos con ETA. En tal caso se le reproch\u00f3 al partido pol\u00edtico, fundado en 1930, la integraci\u00f3n pol\u00edtico-militar con una organizaci\u00f3n que, finalmente, descre\u00eda de las reglas del juego democr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo caso que vale la pena mencionar es de apenas la semana pasada: el 30 de mayo la Corte Constitucional de Tailandia inhabilit\u00f3, no a un pol\u00edtico individual, sino a un partido entero (incluyendo 111 de sus parlamentarios), por la comisi\u00f3n de irregularidades en las elecciones del a\u00f1o pasado: la Ley exig\u00eda la participaci\u00f3n de un n\u00famero m\u00ednimo de partidos que fueron \u201ccomprados\u201d por el mayoritario para as\u00ed poder ganar las elecciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Una \u00faltima precauci\u00f3n: todos estos ejemplos son, por supuesto, pol\u00e9micos. Los pol\u00edticos y partidos involucrados siempre podr\u00e1n ofrecer contra-argumentos para demostrar que se trat\u00f3 de una persecuci\u00f3n pol\u00edtica (como lo han afirmado en M\u00e9xico y Espa\u00f1a), que los jueces en Tailandia no son verdaderamente independientes (al fin y al cabo hubo un golpe de estado militar recientemente) y, en fin, que la adscripci\u00f3n de responsabilidad y los castigos impuestos presentan tambi\u00e9n riesgos a la democracia. Toda esta discusi\u00f3n es aceptable. Lo que no puede seguir ocurriendo, como pasa en Colombia, es que el estado no cuente con mecanismos de control y acompa\u00f1amiento de los partidos y que no se puede asignar responsabilidad institucional. La Constituci\u00f3n le ha dado un monopolio de la democracia a los partidos: va siendo hora que cumplan las obligaciones correlativas a los derechos que la democracia colombiano les ha dado. Todos sabemos que los partidos pol\u00edticos colombianos tienen de los tres tipos de defectos que he enunciado y, a pesar de ello, nadie parece siquiera pensar que eso sea malo para la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Postscriptum. En su \u00faltima columna, mi buen amigo Javier Tamayo ha incursionado de nuevo en la teor\u00eda del derecho. En ella afirma que le tengo \u201caversi\u00f3n a la ley\u201d y dice probar tal afirmaci\u00f3n haciendo referencia a mis textos. Creo que Javier se equivoca de medio a medio como espero argumentar en mi pr\u00f3xima contribuci\u00f3n a \u00c1mbito Jur\u00eddico. Por ahora ofrezco a los lectores un adelanto de mi respuesta al blanco m\u00f3vil en el que se ha convertido Javier: al comienzo de nuestro debate su posici\u00f3n era claramente favorable al literalismo acontextual (en t\u00e9rminos de Dworkin) y yo, por oposici\u00f3n, defend\u00eda una comprensi\u00f3n del derecho a partir de principios. Ahora acepta mi posici\u00f3n principalista y trata de caracterizarme, sin justificaci\u00f3n alguna, como un verdadero nihilista jur\u00eddico que le tengo aversi\u00f3n a la ley. Yo afirmo lo que dicen mis textos y no lo que Javier los hace decir a trav\u00e9s de un excesivo celo pol\u00e9mico. Una interpretaci\u00f3n adecuada es aquella que es capaz de detectar el punto central de una obra, de una norma, de un sistema jur\u00eddico. Decir, por tanto, que el punto central de mi obra es el escepticismo o el nihilismo jur\u00eddico es prueba plena de que Javier sigue siendo un lector de frases y no de argumentos. Una lectura de mi producci\u00f3n desmiente esa afirmaci\u00f3n. Lamento que el \u201cacontextualismo\u201d interpretativo (ya no de la ley, sino de mis pobres libros) de Javier est\u00e9 marchando tan aceleradamente hacia el dogmatismo y hacia la caracterizaci\u00f3n poco caritativa de quienes todav\u00eda lo admiramos.<\/p>\n\n\n\n<p>La necesidad de una justicia para la democracia en Colombia. \u00c1mbito Jur\u00eddico No. 227, 18 de junio a 1\u00ba de julio de 2007.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La democracia colombiana contin\u00faa teniendo serios problemas de credibilidad. 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