{"id":248,"date":"2021-06-18T00:43:34","date_gmt":"2021-06-18T00:43:34","guid":{"rendered":"https:\/\/diegolopezmedina.net\/prensa\/?p=248"},"modified":"2021-06-18T00:43:34","modified_gmt":"2021-06-18T00:43:34","slug":"la-tormenta-perfecta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diegolopezmedina.net\/prensa\/index.php\/2021\/06\/18\/la-tormenta-perfecta\/","title":{"rendered":"La tormenta perfecta"},"content":{"rendered":"\n<p>Vivimos la crisis sanitaria, econ\u00f3mica, pol\u00edtica y educativa m\u00e1s grave en muchas generaciones de la historia humana. Nos afecta como sociedades y nos arrasa como personas y familias. Es como si la pandemia por gripa espa\u00f1ola de 1918 hubiese sido seguida, de forma inmediata, por la gran depresi\u00f3n econ\u00f3mica que empez\u00f3 con la ca\u00edda de la Bolsa de Nueva York en 1929. Todos estamos ansiosos, angustiados, tristes, intensamente preocupados por el presente y por el futuro. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esta situaci\u00f3n origina, naturalmente, fogonazos de pura energ\u00eda pol\u00edtica no institucionalizada. El descontento irrumpe con facilidad en el espacio p\u00fablico.&nbsp;La pol\u00edtica institucionalizada ordinaria parece insuficiente para canalizar la simple necesidad de expresarnos y \u201cmanifestarnos\u201d. Represada en la cuarentena, esta energ\u00eda da pie ahora a un momento pol\u00edtico extraordinario, donde la gente abandona la seguridad de sus vidas cotidianas y, de pronto, hasta los indiferentes terminan \u201carrojados\u201d en el terreno de lo pol\u00edtico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Como en el resto del mundo, el Estado tiene que liderar ahora una estrategia de reactivaci\u00f3n econ\u00f3mica mediante gasto p\u00fablico que requiere de ingresos tributarios. Pero la discusi\u00f3n (de democracia representativa) entre Gobierno y Congreso ha revelado ser completamente insuficiente.&nbsp;En las calles se ha establecido un plebiscito informal que exige una amplia negociaci\u00f3n del paquete de reactivaci\u00f3n (y de su financiaci\u00f3n) con las \u201cbases populares\u201d. Si fuera por ciertas \u00e9lites nacionales, la reactivaci\u00f3n podr\u00eda haber sido dirigida a subsidios al empleo otorgados directamente a los empresarios, o mediante una mayor flexibilizaci\u00f3n laboral.&nbsp;Pero, obvio, la calle no est\u00e1 dispuesta a aceptar una nueva cachetada del elitismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En Colombia existe, tanto en su Constituci\u00f3n como en su cultura pol\u00edtica, el recurso a la reuni\u00f3n y manifestaci\u00f3n del \u201cpueblo\u201d (art. 37). La Constituci\u00f3n recoge aqu\u00ed una vieja tradici\u00f3n de participaci\u00f3n popular directa: hay marchas, manifestaciones, m\u00edtines, bloqueos de v\u00edas.&nbsp;La \u201ccomuna de Par\u00eds\u201d leg\u00f3 estas formas de acci\u00f3n directa a los movimientos populares y sindicales que las mantienen dentro de su men\u00fa estrat\u00e9gico. Se trata, por definici\u00f3n, de un \u201cderecho\u201d de participaci\u00f3n pol\u00edtica poco institucionalizado. Depende, en \u00faltimas, de c\u00f3mo lo organice el pueblo y sus l\u00edderes en la calle: la Constituci\u00f3n permite que se exprese en el espacio p\u00fablico, y solo exige que sea \u201cpac\u00edficamente\u201d. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para el Estado, la marcha ideal se expresa de forma controlada y casi, dij\u00e9ramos, domesticada (\u201cbajen por la calle 63, re\u00fananse en el parque Sim\u00f3n Bol\u00edvar y all\u00e1 canten\u201d); para el movimiento social debe ser incisiva, irrespetuosa, rebelde y, por definici\u00f3n, contrasist\u00e9mica.&nbsp;Para el Estado, deber\u00eda tener autorizaci\u00f3n previa y completa previsi\u00f3n de rutas y horarios; bajo estos par\u00e1metros, la protesta puede ser \u201cconducida\u201d, \u201ccontrolada\u201d y, si se requiere, \u201cdispersada\u201d.&nbsp;Para el movimiento social, por el contrario, la protesta es suya y no la que le plazca al Estado y su regulaci\u00f3n disciplinante de polic\u00eda.&nbsp;Para el Estado, hay que evitar que la protesta \u201carrodille\u201d al Gobierno con sus peticiones; para el pueblo, la negociaci\u00f3n directa con el Gobierno constituye una manera de saltarse la pol\u00edtica ordinaria (y sus fallas de representatividad) para obtener resultados tangibles. Para el Estado, las marchas y la protesta social pueden ser y son, de hecho, instrumentalizadas y manipuladas por intereses pol\u00edticos, econ\u00f3micos y criminales concentrados que avanzan su agenda oculta y latente. &nbsp;Las acusaciones de \u201cmanipulaci\u00f3n\u201d, de otro lado, \u201cestigmatizan\u201d y \u201cle faltan el respeto\u201d al movimiento social que reclama atenci\u00f3n a sus reclamos sinceros y aut\u00f3nomos. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y, as\u00ed en Colombia, el derecho a la protesta social se ejerce y se reprime en el campo perpetuo de la desconfianza mutua: \u201csubversi\u00f3n encubierta\u201d, \u201crevoluci\u00f3n molecular\u201d, dicen unos, y, del otro lado se habla de \u201ccriminalizaci\u00f3n\u201d y \u201cestigmatizaci\u00f3n\u201d de la protesta social. Se termina discutiendo m\u00e1s sobre qu\u00e9 es la protesta social (si es una t\u00e1ctica del narcoterrorismo o si es un derecho constitucional leg\u00edtimo) que sobre los contenidos de lo que se propone. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La protesta ciudadana ha puesto sobre la mesa la cuesti\u00f3n de cu\u00e1les deben ser las prioridades redistributivas de la pospandemia. Sus propuestas, consignadas en el Pliego de Emergencia del&nbsp;Comit\u00e9 Nacional, buscan que el paquete de la reactivaci\u00f3n vaya a subsidios m\u00e1s directos a algunos de los sectores sociales m\u00e1s golpeados por la crisis.&nbsp;No todas las propuestas representan, en mi opini\u00f3n, las mejores opciones de pol\u00edtica redistributiva. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de eso, sin el pueblo en la calle, tampoco creo que el Gobierno y el Ministerio de Hacienda dise\u00f1en, por s\u00ed solos, priorizaciones genuinamente redistributivas frente al denso entramado de los poderes establecidos.&nbsp;Como revulsivo de nuestras jerarqu\u00edas pol\u00edticas, pues la protesta social puede ayudarnos a perfeccionar la democracia. Sin embargo, asoma ya, luctuoso, el fantasma de la masacre de las bananeras. \u00bfPodemos todav\u00eda frenar esa din\u00e1mica? \u00bfQu\u00e9 tal si tenemos una movilizaci\u00f3n ciudadana amplia y pac\u00edfica, una expresi\u00f3n cada vez m\u00e1s clara de intereses de los m\u00e1s vulnerables, una escucha estatal respetuosa, una negociaci\u00f3n amplia de cara al pa\u00eds? \u00bfQu\u00e9 tal si, al final, podamos hablar del \u201c\u00e9xito\u201d que tuvo Colombia en la pospandemia \u2013cuando fue capaz de dise\u00f1ar un \u201cnew deal\u201d de reactivaci\u00f3n econ\u00f3mica, con amplio consenso popularestatal, que protegi\u00f3 a los m\u00e1s vulnerables\u2013? &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esta utop\u00eda es un imperativo moral y constitucional para todos, porque, quer\u00e1moslo o no, estamos en el mismo barco en la mitad de la tormenta perfecta. La alternativa es ahogar la expresi\u00f3n social, reprimirla o empujarla a su implosi\u00f3n t\u00e1ctica, para que el paquete de la reactivaci\u00f3n pueda ser tranquilamente decidido por los se\u00f1ores de siempre.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivimos la crisis sanitaria, econ\u00f3mica, pol\u00edtica y educativa m\u00e1s grave en muchas generaciones de la historia humana. Nos afecta como sociedades y nos arrasa como personas y familias. 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