{"id":191,"date":"2018-12-18T01:27:40","date_gmt":"2018-12-18T01:27:40","guid":{"rendered":"https:\/\/diegolopezmedina.net\/prensa\/?p=191"},"modified":"2020-07-29T01:29:11","modified_gmt":"2020-07-29T01:29:11","slug":"el-inspector-javert","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diegolopezmedina.net\/prensa\/index.php\/2018\/12\/18\/el-inspector-javert\/","title":{"rendered":"El inspector Javert"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p>\u201cEl derecho ciertamente expresa valores y principios, pero ellos no funcionan simplemente cuando se repiten en clases de Derecho o en escritos judiciales. Gran parte de su influencia social se juega en las conciencias individuales y en las formas como el derecho estructura el deber hacia los otros\u201d<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>El derecho es un sistema normativo. Regula relaciones ordinarias donde se busca ordenar, prevenir o, a veces, resolver conflictos de intereses. Pero el derecho tambi\u00e9n cumple otras funciones m\u00e1s generales. Como sistema de normas, es uno de los espacios privilegiados que utiliza la sociedad para \u201cnormalizar\u201d la conducta de sus ciudadanos. Esa normalizaci\u00f3n se hace mediante la estructuraci\u00f3n de algunas creencias b\u00e1sicas, que terminan constituyendo el n\u00facleo de nuestras actitudes de respeto y consideraci\u00f3n por los dem\u00e1s. En ese sentido, el derecho ayuda a definir y solidificar el espacio de la \u00e9tica: esta podr\u00eda definirse, muy sencillamente, como el conjunto de creencias y disposiciones que hacen que, al menos por momentos, estemos dispuestos a posponer nuestra satisfacci\u00f3n personal en aras de los derechos, la consideraci\u00f3n y el respeto que nos merecen los otros.<\/p>\n\n\n\n<p>El valor que tienen los otros (frente a mi inter\u00e9s personal) se puede construir de diferentes maneras: hace algunos a\u00f1os el respeto a los dem\u00e1s y la contenci\u00f3n del inter\u00e9s personal se realizaba mayoritariamente a trav\u00e9s de la noci\u00f3n de \u201cpecado\u201d y de creencias de tipo religioso. La secularizaci\u00f3n de la sociedad parece haber desplazado ese conjunto de creencias socializadoras hacia el derecho. Es muy posible que las personas j\u00f3venes y seculares estructuren su visi\u00f3n del \u201cotro\u201d a trav\u00e9s del discurso de sus \u201cderechos\u201d. No en vano las cartillas de pedagog\u00eda constitucional (que hay en diferentes pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina) son en realidad cuadernillos de afianzamiento de actitudes \u00e9ticas b\u00e1sicas.<\/p>\n\n\n\n<p>El derecho, por tanto, termina participando en la estructuraci\u00f3n de la conciencia individual. Leyendo Los Miserables, de V\u00edctor Hugo, se observan algunos ejemplos fascinantes. Esta novela, escrita en el a\u00f1o de 1862, es uno de los documentos culturales m\u00e1s interesantes para entender la cultura jur\u00eddica francesa del siglo XIX. La novela es b\u00e1sicamente una historia de la ley contra el hampa, pero con resultados muy parad\u00f3jicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Jean Valjean es condenado por robar pan para su hambrienta familia. Inmediatamente despu\u00e9s de su liberaci\u00f3n y sin saber qu\u00e9 hacer, Valjean roba de nuevo; su v\u00edctima (monse\u00f1or Myriel) lo salva cuando es capturado, al decir que la plater\u00eda hurtada hab\u00eda sido en realidad un regalo. Luego, en secreto, le hace prometer a Valjean que se convertir\u00e1 en un hombre honesto. Y aqu\u00ed es cuando la novela se convierte en una reflexi\u00f3n sobre el inspector Javert. Este personaje es un eficiente polic\u00eda que, en estricta interpretaci\u00f3n de su deber, empieza a perseguir de la forma m\u00e1s celosa a Valjean. El polic\u00eda le sigue los pasos en la Francia de la \u00e9poca y, finalmente, en el levantamiento de 1832, se infiltra entre los sublevados, para poder capturar a su hombre. En lugar de ello, el esp\u00eda es descubierto y Valjean pide que le permitan ajusticiarlo por su propia mano; en vez de ello, le otorga la vida y la libertad al tenaz inspector. El levantamiento es finalmente derrotado. En la precipitada fuga, Valjean es capturado por Javert, quien tiene, por fin, la oportunidad de hacer justicia. El hombre al que ha perseguido, sin embargo, le ha salvado tambi\u00e9n la vida, y ahora duda entre la gratitud y el deber. Cuando entiende que tiene que dejar libre a Valjean, lo hace con gusto, pero en el acto se lanza a las aguas del r\u00edo Sena. A lo largo de la novela, el principio de legalidad es el c\u00f3digo moral de comportamiento de Javert. Como polic\u00eda, \u00e9l no piensa que la ley sea el conjunto de l\u00edmites que les puede imponer a los dem\u00e1s. La ley es el conjunto de m\u00e1ximas con las que controla su propio comportamiento. La legalidad es, fundamentalmente, autocontrol, no control de los otros. En el momento final de la novela, cuando por consideraciones morales es forzado a violar su c\u00f3digo de respeto a la legalidad, prefiere la muerte. Es la \u00fanica salida coherente de quien ve en la ley, no solo c\u00f3digos externos de conducta, sino la m\u00e9dula de su \u00e9tica privada. Al igual que con la noci\u00f3n de pecado, la \u201cley\u201d o los \u201cderechos\u201d sirven tanto para vigilar a los dem\u00e1s como para vigilarse a s\u00ed mismo. Son armas de batalla para la defensa de mis intereses, pero tambi\u00e9n herramientas de delimitaci\u00f3n de mi propio comportamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta funci\u00f3n de ortopedia \u00e9tica del derecho es importante. El derecho ciertamente expresa valores y principios, pero ellos no funcionan simplemente cuando se repiten en clases de Derecho o en escritos judiciales. Gran parte de su influencia social se juega en las conciencias individuales y en las formas como el derecho estructura el deber hacia los otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Este fen\u00f3meno se da finalmente a nivel constitucional: se busca establecer incentivos, la mayor parte de ellos demasiado toscos o primitivos, para obligar a que los l\u00edderes de la sociedad tengan una particularmente fuerte consideraci\u00f3n de los otros. Los l\u00edderes sociales tienen un deber \u00e9tico especial de ponderar en su toma de decisiones intereses ajenos a los propios. As\u00ed lo exige su propia funci\u00f3n. El derecho ha inventado truquitos para tratar de forzar esa agregaci\u00f3n de intereses. Pero esos truquitos tienden a ser imperfectos y f\u00e1cilmente obviables. Cuando ello ocurre, la fuerza \u00e9tica del derecho es m\u00e1s un recordatorio constante a los l\u00edderes pol\u00edticos que su comportamiento no puede ser cerreramente ego\u00edsta. La obligaci\u00f3n \u00e9tica depender\u00e1 de nuevo de la solidez de su conciencia \u00e9tica individual, cuando los refuerzos de la p\u00fablica no son suficientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta relaci\u00f3n entre el alma de los individuos y el derecho es fundamental, a pesar del largo olvido en que se le ha tenido. El derecho, pues, tiene una saludable variedad de ofertas \u00e9ticas: est\u00e1 la cultura de la legalidad como opci\u00f3n y tambi\u00e9n la cultura de los derechos. Ambos son soluciones \u00e9ticas plausibles a los dilemas de la conciencia individual. Le pregunto al lector: \u00bfc\u00f3mo funciona el derecho en sus consideraciones \u00e9ticas?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl derecho ciertamente expresa valores y principios, pero ellos no funcionan simplemente cuando se repiten en clases de Derecho o en escritos judiciales. 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